Si no fueras…

Si no fueras tan loca, tan fuerte, tan rezo, tan beso, tan duda.
Si no fueras tan tan uva, tan miedo, tan sal, tan alma.
Si no fueras tan casa, tan nube, tan pluma, tan tango.
Si no fueras tan como tú eres…

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Visto

La maldición del exceso de tiempo libre disfrazado de otra cosa. La maldición de esperar que pase algo que nunca pasa, llamadas que no suenan, mensajes que no llegan. La maldición de sentir el rechazo educado, la indiferencia infundada.

Sobrevivir la adultez es un arte.

Mayo, 2019

Y así termina Mayo. Unos cuantos días de menos pero unas cuantas reflexiones de más.

Un Mayo donde fui mala hierba y medicinal. Un Mayo que me esparció convertido en deseos por el viento.

Sin alas y cargando lastre caí lejos, muy lejos, de donde me arrebató el viento.

¿Qué es el éxito?

¿Qué es el éxito? ¿No necesitar nada material o no desear nada material? ¿Tener a la pareja de tu vida o ser feliz contigo mismo?

Justo hoy charlaba eso con una amiga. ¿Qué es el éxito? ¿Es una meta personal o más bien un lugar deseado por la mayoría? ¿Desde cuándo estar cómodo es la felicidad encarnada en contra de estar siempre andando, conociendo?

Y es que jamás he compartido esa idea preconcebida de lo que el éxito es o debe ser. Para mí el éxito radica en tomar un café con los ojos cerrados y apreciar cada uno de sus sabores. Escuchar música con el alma y no con los oídos. Entender todo lo que te rodea, desde su funcionamiento hasta el porqué de sus partes. Preguntarte todo y por consiguiente luchar por conocer la verdad.

Ver el cielo y no aterrarte por quién te vea y juzgue, sino sentirlo en toda su magnificencia. Comprender por qué se pinta de azul por el día y se incendia por las tardes. Observar sus millones de estrellas y entender que eso, allá arriba, es un milagro que se asoma desde el más lejano pasado.

Éxito es ver algo y conocer su forma y su propósito. Éxito es conocer tu pasado y valorar tu presente como lo único que realmente es tuyo. Ver una fotografía lejana y saber que tú también has estado ahí. Ver banderas e identificarte con todas ellas. Tener por nacionalidad la solidaridad y por himno una sonrisa. Mirar tus pies y sonreír tras recordar todos esos kilómetros recorridos por caminos rectos y sinuosos.

Comprender que la madurez es un título de honor que otorga la corte de la vida, no los comentarios de la gente. Caerse, levantarse y sacudirse tras cada caída sin verlo como algo más que la vida misma. Valorar lo que el espejo te grita y no lo que murmura el viento; reconociendo que eso que ves no es más que la suma de tu esencia con todas y cada una de las personas y sucesos que han pasado por tu vida.

Que el amor adorna, no define. Que el destino vive en las decisiones del presente y no en las aventuras del futuro. Que cada moretón y caricia son fruto de ti mismo, no culpa de alguien más.

Comprender que la única victoria es la victoria contra ti mismo. Que la disciplina es tan valiosa como la inteligencia. Que nada de lo que eres, ves o dejarás será eterno y que es PRECISAMENTE por eso que es y eres incalculablemente valioso.

Eso para mí eso es el éxito, no seis ceros en la cuenta.

Y Nos Dieron Las 10…

Y nos dieron las 10 en aquél café, desmenuzando la idea de lo que somos y el a dónde vamos.

Y nos dieron las 11 en la playa, platicando con una Luna curiosa y un Mar testigo que jugaba a entender dónde acaba cada quien y cada cual.

Y nos dieron las 12 en el lobby de tu hotel. Tan amplio, tan raro; tan costa y tan selva.

Y nos dieron la 1 y las 2 y las 3…enredados en una comunión de ser y estar. Rodeados de un viento insolente que robaba nuestro aroma y se lo daba a las farolas que apenadas nos regalaban sombras entre cada beso, entre cada verso, entre cada promesa de un tal vez y de un será…

Y me fui, y te fuiste; y nos quedamos sólo con una canción que nos hizo suyo. Una canción que, parece, fue escrita para esa, nuestra noche.

¿Hace cuanto que no haces tuyo el cielo?

Voltea a ver el Cielo. Voltea a ver la Luna y el Sol directamente durante su nacimiento y su muerte. Deja a un lado los temores y aprende a disfrutar tu escala, tu insignificancia; lo increíblemente afortunado que eres por estar aquí y ahora.

Haz tuyo ese amanecer, ese atardecer. Colecciona la sensación de saberte más vivo, y más viejo; más sabio cada vez y cada día de una forma diferente.

Deja que el cielo te abrace. Déjalo enmarcar tus emociones. Entrégate a la sensación de saberte increíble por el simple hecho de poder presenciar algo increíble.

Los mayas decían que el día era la sucesión de dos jaguares. Dos formas y dos mundos opuestos y similares; siempre lejanos y siempre unidos. Fluye con ellos, cambia con ellos y renace con ellos.

Un día a la vez…

Breakfast at Imprevist.

El placer de brindarte un desayuno tranquilo y sin prisas, es uno de los mayores y más sanos lujos que podemos darnos en este mundo cada vez más impersonal.

De un tiempo para acá, mi “desayuno de los domingos” se ha convertido más en un ritual que en una necesidad. El hecho de saber que un día a la semana podré levantarme de la cama a la hora que sea, vestirme cómodo y caminar a “Imprevist” (uno de los secretos mejor guardados de mi ciudad) se ha convertido en mi mayor premio cada semana.


Seamos honestos: en este mundo cada vez más obsesionado con las agujas del reloj, son pocos los momentos que podemos darnos para nosotros mismos: solemos cuidar de nuestro cuerpo hasta que algo nos duele, solemos cuidar la mente hasta que hago la aturde…por eso darte un buen desayuno a la semana suele ser el mejor inicio para entender que “TÚ” es más importantes que “TU…” (tus deudas, tus obligaciones, tu entorno…).
Te invito a no olvidar que todo lo que trabajas, todo lo que aguantas -entre trabajo y casa- cada semana debe ser recompensado de alguna forma. No importa si es solo o acompañado; o si es en el más lujoso restaurante o en un OXXO: date aunque sea ese vital ratito de respiro personal y atesóralo.