¡Mi primera charla TEDx!

Hace unos meses recibí la invitación para participar en el 2do evento de TEDx en mi ciudad, que tenía como lema “ideas que aceleran”. Obviamente, y profundamente honrado, acepté la invitación.

Para quienes no esté familiarizados, TED es un evento internacional donde se hacen charlas a modo de conferencia. Dichas charlas tienen un formato específico y una duración máxima estipulada. Cuando se habla de TEDx, significa que es un evento organizado por locales y con un enfoque más hacia la comunidad a la que pertenece.

Dar una charla TEDx es mucho más difícil de lo que a simple vista puede verse. Detrás de esos pocos minutos de vídeo en YouTube existen meses de constantes cursos y capacitaciones; y sólo hablo para el formato en sí, pues a ello hay que sumarle el tema de tu charla, tus diapositivas y la coordinación/memorización de ambas.

Claro está que, al final,  ninguno de los muchos cursos te preparan para los nervios detrás del escenario esperando tu turno. TEDx como tal no es sólo una ponencia, es un monólogo de tus ideas, de lo que te mueve y de tus metas ante un público exigente a la vez que receptivo. Al final, todo esto cae de lado cuando van por ti y te anuncian como la siguiente charla.

Arriba del escenario todo cambia. La luz en tu rostro te hace muy difícil ver le auditorio como tal; más que rostros ves siluetas, no hay ojos o señalamientos…tal pareciera que estás haciendo una charla con la luz. Te relajas poco a poco, te sueltas; la confianza entra en ti…y es entonces cuando sucede la magia de sentirte uno mismo con tu idea.

Termina tu ponencia, disfrutas el resto del evento y esperas ansioso porque suban el vídeo a Internet. Claro está, como buenos seres humanos, nunca estarás contento con el resultado de tu charla: que si me moví mucho, que si confundí tal palabra con otra, que si me enredé y no supe realmente definir mi tema…pero tras un rato, sonríes y agradeces infinitamente el espacio privilegiado que te fue dado para hacerle ver al mundo un poco de lo mucho que pasa por tu cabeza.

Aquí les dejo mi charla; ¡espero la disfruten!

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Lo Hemos Vivido Todo

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Todos, sin importar nuestra soberbia o la carencia de ésta, llegamos a un momento donde sentimos que lo hemos vivido todo; o que al menos hemos dado un sorbo a la enorme copa de la experiencia, reconociendo su fuerte sabor y lo caliente de su trago.

El día a día es algo tan común que te hace sentir enjaulado. Un atardecer es tan rutinario que lo das por sentado (¿o acaso recuerdas el último atardecer que viste por el mero placer de hacerlo?). Si tu corazón ama o es destruido te da ya lo mismo. Tras tantos contrastes encarnados en los rostros de viejas relaciones incluso te das el lujo de rechazar todo lo que te hace sentir o palidecer, mientras observas desde lejos -a la orilla de tu realidad- el desenlace de la historia.

Pero es cuando te resignas a que los días vayan pasando sin contarlos, a que las horas son sólo un “tic-tac” del reloj, que una soleada mañana de un jueves cualquiera, el destino irrumpe a galope para que lo cabalgues; y entusiasmado con tu nueva montura, por fin entiendes que esta energía de cambio e ingenuidad siempre fue tuya y que la puedes aplicar a lo importante, pero también a todos esos pequeños momentos que conforman tu existencia.

Lo que ya se ha vivido siempre se puede repetir. El Sol que hoy se oculta en el horizonte es muy diferente al Sol que ayer alumbraba tu camino. Cada amor es tan diferente como muchas son las facetas que han existido de ti en tus escasos años de vida.

Y es entonces que recuerdas que no estás solo, que la vida siempre ha estado ahí, lista para mostrarte nuevas sensaciones, nuevos retos…

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I Am Back!

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Regreso a éste, mi muy abandonado blog, ofreciendoles a ustedes, mis dos queridos lectores, disculpas hacia los cuatro vientos por mi largo silencio.

Han pasado tantas cosas que no sé ni por dónde empezar…bueno, al menos por hoy sí sé qué decirles: ¡hoy es mi 29no cumpleaños!

Prometo autoregalarme el compartirles por este medio mis nuevas andadas, tropiezos y muchas dudas; ¡a por todo!

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Algo Parecido Al Temor

manos en la espalda

Es complicado explicarte lo que siento en mis manos cuando reposas en mi cama, con todo ese arte que te compone y la confianza de saberte segura reflejada en tu rostro.

Y es que es algo parecido al temor, ¿sabes? Temor de hacerte daño cuando cubren tu espalda. Temor de romperte ante este deseo de apretarte a mí buscando que no quepa entre nosotros ningún adiós. Temor por estas ganas que tienen de tenerte, de sentirte, de beberte; de que sientas a través de ellas el regalo de estar viva.

Y es que me gustas más de lo que manos saben resistir…

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Me Gustas, Mujer Despeinada…

Deborah Mace por "Chino" Moro

Me gustas natural, cuando entiendes que las mejores cosas en la vida arruinan cualquier peinado: correr, bailar, hacer el amor; vivir en sí mismo…

Me gustas cuando estás segura de tu belleza y no mientes con maquillajes y demás falsedades. Cuando prefieres tu rebeldía a los lineamientos de quienes no te importan.

Me gustas cuando entiendes que lo que enamora de ti es ese “algo” que te hace única, esos pequeños detalles donde radica lo divino. Cuando sabes que el amor no es más que el espacio que separa a dos personas, que crece y desaparece a voluntad.

Me gustas cuando eres apasionada, cuando te entregas con todo su ser a algo; por más común o complejo que sea. Me gusta cuando piensas porque te retas porque valoras el estar aquí, ahora.

Me gustas cuando no te importa si vas suspendida en el aire o echando raíces. Me gustas cuando llevas en tu mirada esa intensidad que sólo el saberte sin fronteras puede permitirte.

Por eso me gustas, mujer despeinada…

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Dicen Por Ahí…

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Dicen por ahí que no importa qué tanto aprecies a esa vieja amante llamada Soledad y lo que disfrutes su oscura compañía, tarde o temprano tu vida querrá otra vida que le haga compañía.

Dicen que no es tan complicado como, de repente, los anhelos individuales ya no saben como antes. Que poco a poco todos los caminos ahora lo querrás recorrer tomando a ese alguien de la mano.

Dicen que querrás cambiar tu departamento de soltero por uno más pequeño, con un lindo balcón para poder abrazarla desde atrás y ver pasar el tiempo. Que pelearás con ella por nimiedades -como su desorden o tu manía por tener todo en su lugar- sólo para que, al final, termines enredado entre sus piernas con las sábanas botadas por doquier.

Dicen que querrás una compañera de viajes. Alguien a quien dedicarle una fría caminata por París o un helado en alguna playa mexicana. Que deseas mostrarle lo que tus ojos han visto para que endulce tus recuerdos con su sonrisa.

Dicen que querrás enseñarle todo lo que has vivido y que ella te muestre otros puntos de vista. Que aprenderás lo que siente al hacer algo que ama y te lo dirá con una simple mirada.

Dicen que querrás que tus hijos tengan su sonrisa. Que querrás verla abrazándolos y mirándolos por horas. Que compartirás con ella sus vidas, sus logros y sus fracasos. Que crecerás con ella, con ellos.

Dicen que querrás protegerla desafiando a la muerte misma. Que la amarás, sentirás e impulsarás. Que lo querrás todo con ella y para ella.

Bueno, eso es lo que dicen por ahí…

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¿Qué es el éxito?

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¿No necesitar nada material o no desear nada material? ¿Tener a la pareja de tu vida o ser feliz contigo mismo?

Justo hoy charlaba eso con una amiga. ¿Qué es el éxito? ¿Es una meta personal o más bien un lugar deseado por la mayoría? ¿Desde cuándo estar cómodo es la felicidad encarnada en contra de estar siempre andando, conociendo?

Y es que jamás he compartido esa idea preconcebida de lo que el éxito es o debe ser. Para mí el éxito radica en tomar un café con los ojos cerrados y apreciar cada uno de sus sabores. Escuchar música con el alma y no con los oídos. Entender todo lo que te rodea, desde su funcionamiento hasta el porqué de sus partes. Preguntarte todo y por consiguiente luchar por conocer la verdad.

Ver el cielo y no aterrarte por quién te vea y juzgue, sino sentirlo en toda su magnificencia. Comprender por qué se pinta de azul por el día y se incendia por las tardes. Observar sus millones de estrellas y entender que eso, allá arriba, es un milagro que se asoma desde el más lejano pasado.

Éxito es ver algo y conocer su forma y su propósito. Éxito es conocer tu pasado y valorar tu presente como lo único que realmente es tuyo. Ver una fotografía lejana y saber que tú también has estado ahí. Ver banderas e identificarte con todas ellas. Tener por nacionalidad la solidaridad y por escudo una sonrisa. Mirar tus pies y sonreír tras recordar todos esos kilómetros recorridos por caminos rectos y sinuosos.

Comprender que la madurez es un título de honor que otorga la corte de la vida, no los comentarios de la gente. Caerse, levantarse y sacudirse tras cada caída sin verlo como algo más que la vida misma. Valorar lo que el espejo te grita y no lo que murmura el viento; reconociendo que eso que ves no es más que la suma de tu esencia con todas y cada una de las personas y sucesos que han pasado por tu vida.

Que el amor adorna, no define. Que el destino vive en las decisiones del presente y no en las aventuras del futuro. Que cada moretón y caricia son fruto de ti mismo, no culpa de alguien más.

Comprender que la única victoria es la victoria contra ti mismo. Que la disciplina es más valiosa que la inteligencia. Que nada de lo que eres, ves o dejarás será eterno y que es PRECISAMENTE por eso que es y eres incalculablemente valioso.

Eso para mí eso es el éxito, no seis ceros en la cuenta.

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