¿Hace cuanto que no haces tuyo el cielo?

Voltea a ver el Cielo. Voltea a ver la Luna y el Sol directamente durante su nacimiento y su muerte. Deja a un lado los temores y aprende a disfrutar tu escala, tu insignificancia; lo increíblemente afortunado que eres por estar aquí y ahora.

Haz tuyo ese amanecer, ese atardecer. Colecciona la sensación de saberte más vivo, y más viejo; más sabio cada vez y cada día de una forma diferente.

Deja que el cielo te abrace. Déjalo enmarcar tus emociones. Entrégate a la sensación de saberte increíble por el simple hecho de poder presenciar algo increíble.

Los mayas decían que el día era la sucesión de dos jaguares. Dos formas y dos mundos opuestos y similares; siempre lejanos y siempre unidos. Fluye con ellos, cambia con ellos y renace con ellos.

Un día a la vez…

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La Cita…

babadook1Faltaba un minuto para nuestra cita. Me aseguré de llegar varios minutos antes, pues su puntualidad es legendaria. Volteé a ver mi reloj y apenas se movió la manecilla a la hora acordada sentí ya, a la distancia, su mirada clavada en mí. Su presencia intimida, debo reconocerlo.

Pese a los años de conocernos, nunca había notado nuestro parecido. Más fuerte y a su vez más frágil, su físico apenas y era diferente al mío; pero su personalidad es muy distinta. Hipnótica, distante. Desafía a la vez que cautiva.

Tratando de no parecer perturbado le sonreí y estiré mi mano para saludar, pero no recibí el mismo gesto de su parte; simplemente tomó asiento sin quitarme la vista y se quedó ahí, con la frialdad de su mirada contrastando con la calidez de esa noche de Octubre.

Nos conocemos desde hacía tantos años que cualquier formalismo resultaba absurdo por innecesario, asi que, pese a haber sido yo quien pidió la reunión, guardé silencio y le devolví la mirada retadora. Le pregunté, sin pronunciar una sola palabra, qué quería de mí realmente y me respondió, gritando con los ojos, palabras que no pueden traducirse a letras.

Abrumado, le pedí que parara, pero parecía no importarle si lo que decía me lastimaba o alentaba; al fin de cuentas sólo decía la verdad. Cerré los ojos, no sé aún si por dolor o por temor a entender lo que desde siempre he sabido. Mi cuerpo, mi ser, sencillamente  estaba paralizado.

Entonces me envalentoné y grité con todas mis fuerzas sin importar lo que nos rodeaba. Le exigí me dijera qué hacer o el qué debí haber hecho, si tanta sabiduría presumía en su verdad. Su mirada ahora se hizo cómplice y me respondió con luces a la vez de memorias; con la certeza que da el “te lo dije”. No puedo jugar más al tonto, no hay respuesta que esa que vive en el fondo de mi alma y que tan diligentemente he ocultado tras varias capas de olvido: fui yo. Fue mi culpa.

Pero, contrario a lo que se pensaría, entenderlo a través de su mirada me consoló. Entendí, esa noche de Octubre, que es el temor a perder el que nos hace perder; que es el temor a cambiar el que nos hace cambiar y que las cicatrices más dolorosas que tatuamos en nuestra vida y en la de los demás no suelen ser más que recuerdos de “mejores intenciones” que envenenamos con temor.

Entendí que quien habla podrá ser el dueño de las palabras que dice, pero uno es el único responsable de sus efectos en su vida. Que no tenemos el control de lo que pueda pasar, pero sí tenemos el poder de actuar en consecuencia y reparar, o emprender…o sencillamente de seguir adelante pese a nuestros errores. Entendí que el temor puede ser un motor tan poderoso como el amor y que debe ser tratado como éste pues, si lo descuidas o lo niegas, puede convertirse en una pesadilla y terminar poniendo en jaque todo lo que eres.

Sonreí entonces, como se sonríe cuando se está satisfecho. Lo encontré de nuevo con la miradas mientras se levantaba y, tan pronto como vino, se fue.

Sin decir palabra, sin mover un dedo, esa noche nos convirtamos en mi aliado el Miedo y yo.

 

 

 

 

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Breakfast at Imprevist.

El placer de brindarte un desayuno tranquilo y sin prisas, es uno de los mayores y más sanos lujos que podemos darnos en este mundo cada vez más impersonal.

De un tiempo para acá, mi “desayuno de los domingos” se ha convertido más en un ritual que en una necesidad. El hecho de saber que un día a la semana podré levantarme de la cama a la hora que sea, vestirme cómodo y caminar a “Imprevist” (uno de los secretos mejor guardados de mi ciudad) se ha convertido en mi mayor premio cada semana.


Seamos honestos: en este mundo cada vez más obsesionado con las agujas del reloj, son pocos los momentos que podemos darnos para nosotros mismos: solemos cuidar de nuestro cuerpo hasta que algo nos duele, solemos cuidar la mente hasta que hago la aturde…por eso darte un buen desayuno a la semana suele ser el mejor inicio para entender que “TÚ” es más importantes que “TU…” (tus deudas, tus obligaciones, tu entorno…).
Te invito a no olvidar que todo lo que trabajas, todo lo que aguantas -entre trabajo y casa- cada semana debe ser recompensado de alguna forma. No importa si es solo o acompañado; o si es en el más lujoso restaurante o en un OXXO: date aunque sea ese vital ratito de respiro personal y atesóralo.

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Lo Hemos Vivido Todo

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Todos, sin importar nuestra soberbia o la carencia de ésta, llegamos a un momento donde sentimos que lo hemos vivido todo; o que al menos hemos dado un sorbo a la enorme copa de la experiencia, reconociendo su fuerte sabor y lo caliente de su trago.

El día a día es algo tan común que te hace sentir enjaulado. Un atardecer es tan rutinario que lo das por sentado (¿o acaso recuerdas el último atardecer que viste por el mero placer de hacerlo?). Si tu corazón ama o es destruido te da ya lo mismo. Tras tantos contrastes encarnados en los rostros de viejas relaciones incluso te das el lujo de rechazar todo lo que te hace sentir o palidecer, mientras observas desde lejos -a la orilla de tu realidad- el desenlace de la historia.

Pero es cuando te resignas a que los días vayan pasando sin contarlos, a que las horas son sólo un “tic-tac” del reloj, que una soleada mañana de un jueves cualquiera, el destino irrumpe a galope para que lo cabalgues; y entusiasmado con tu nueva montura, por fin entiendes que esta energía de cambio e ingenuidad siempre fue tuya y que la puedes aplicar a lo importante, pero también a todos esos pequeños momentos que conforman tu existencia.

Lo que ya se ha vivido siempre se puede repetir. El Sol que hoy se oculta en el horizonte es muy diferente al Sol que ayer alumbraba tu camino. Cada amor es tan diferente como muchas son las facetas que han existido de ti en tus escasos años de vida.

Y es entonces que recuerdas que no estás solo, que la vida siempre ha estado ahí, lista para mostrarte nuevas sensaciones, nuevos retos…

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Algo Parecido Al Temor

manos en la espalda

Es complicado explicarte lo que siento en mis manos cuando reposas en mi cama, con todo ese arte que te compone y la confianza de saberte segura reflejada en tu rostro.

Y es que es algo parecido al temor, ¿sabes? Temor de hacerte daño cuando cubren tu espalda. Temor de romperte ante este deseo de apretarte a mí buscando que no quepa entre nosotros ningún adiós. Temor por estas ganas que tienen de tenerte, de sentirte, de beberte; de que sientas a través de ellas el regalo de estar viva.

Y es que me gustas más de lo que mis manos saben resistir…

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Me Gustas, Mujer Despeinada…

Deborah Mace por "Chino" Moro

Me gustas natural, cuando entiendes que las mejores cosas en la vida arruinan cualquier peinado: correr, bailar, hacer el amor; vivir en sí mismo…

Me gustas cuando estás segura de tu belleza y no mientes con maquillajes y demás falsedades. Cuando prefieres tu rebeldía a los lineamientos de quienes no te importan.

Me gustas cuando entiendes que lo que enamora de ti es ese “algo” que te hace única, esos pequeños detalles donde radica lo divino. Cuando sabes que el amor no es más que el espacio que separa a dos personas, que crece y desaparece a voluntad.

Me gustas cuando eres apasionada, cuando te entregas con todo su ser a algo; por más común o complejo que sea. Me gusta cuando piensas porque te retas porque valoras el estar aquí, ahora.

Me gustas cuando no te importa si vas suspendida en el aire o echando raíces. Me gustas cuando llevas en tu mirada esa intensidad que sólo el saberte sin fronteras puede permitirte.

Por eso me gustas, mujer despeinada…

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Dicen Por Ahí…

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Dicen por ahí que no importa qué tanto aprecies a esa vieja amante llamada Soledad y lo que disfrutes su oscura compañía, tarde o temprano tu vida querrá otra vida que le haga compañía.

Dicen que no es tan complicado como, de repente, los anhelos individuales ya no saben como antes. Que poco a poco todos los caminos ahora lo querrás recorrer tomando a ese alguien de la mano.

Dicen que querrás cambiar tu departamento de soltero por uno más pequeño, con un lindo balcón para poder abrazarla desde atrás y ver pasar el tiempo. Que pelearás con ella por nimiedades -como su desorden o tu manía por tener todo en su lugar- sólo para que, al final, termines enredado entre sus piernas con las sábanas botadas por doquier.

Dicen que querrás una compañera de viajes. Alguien a quien dedicarle una fría caminata por París o un helado en alguna playa mexicana. Que deseas mostrarle lo que tus ojos han visto para que endulce tus recuerdos con su sonrisa.

Dicen que querrás enseñarle todo lo que has vivido y que ella te muestre otros puntos de vista. Que aprenderás lo que siente al hacer algo que ama y te lo dirá con una simple mirada.

Dicen que querrás que tus hijos tengan su sonrisa. Que querrás verla abrazándolos y mirándolos por horas. Que compartirás con ella sus vidas, sus logros y sus fracasos. Que crecerás con ella, con ellos.

Dicen que querrás protegerla desafiando a la muerte misma. Que la amarás, sentirás e impulsarás. Que lo querrás todo con ella y para ella.

Bueno, eso es lo que dicen por ahí…

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