Leones y Jirafas

Un amigo radicado en tierras catalanas me llamó y, con voz de filósofo pensativo (dejo a tu buen juicio, amable lector, imaginar semejante tono de voz), me recomienda ver inmediatamente “Beginners” (Mike Mills, 2010); confiando en su innegable buen gusto -y algo traumado por su tono de voz- busqué y vi la película ese mismo día…y no me arrepiento en lo absoluto.

Sin entrar en la trama (dejo otra vez a tu buen juicio el verla o no), la película se convierte en una oda a esas pequeñas decisiones que tomamos a diario y que terminan formando nuestra realidad y nuestra existencia misma.

De toda la película, hay una parte que me cautivó e hizo reflexionar sobre nuestros sueños y el bien o mal que nos harían si estos se llegaran a materializar; sobre “desear un león y recibir una jirafa a cambio”. En base a eso, y con actitud de filósofo pensativo, caí en lo siguiente:

Imagina toda una vida obsesionado con tener un león, enfocado en tenerlo y nada más; compras peluches de leones, vistes con ropa similar a su pelaje, estudias veterinaria por el sólo hecho de que esto te da más posibilidades de -al menos- acercarte a uno. El destino pone ante ti la posibilidad de adoptar una jirafa en su lugar, pero te rehúsas tajantemente alegando que tu quieres y mereces un león. Al final lo logras, ¡el león por fin es tuyo y al fin eres feliz! Lo mimas y proteges como a un hijo.

Pronto te das cuenta que tu jardín resulta ser demasiado pequeño para tenerlo, por lo que debes cambiar de casa o contratar los servicios de un cuidador personal; te decides por lo primero, pues, aunque sea más caro y te tengas que alejar de tus amistades, jamás compartirías con un extraño tu tan preciado tesoro. Ahora, en una casa enorme que consume más de lo que eres capaz de pagar, tu león corre y salta todo el día, por lo que se ensucia rápidamente; decides bañarlo…y recuerdas que los leones odian el agua, por lo que tienes que comprar jabones especiales, cepillos y lociones; además de invertir el doble de tiempo en su limpieza, cuidado y mantenimiento. Obviamente todo esto no te importa, pues ¡al fin tienes tu león soñado!

A los pocos días ves, que su apetito es voraz, y a duras penas puedes comprar la carne especial que necesita, pues ahora, como inviertes tanto tiempo en su mantenimiento y vives tan lejos de donde solías hacerlo, tuviste que dejar tu trabajo; es en ese momento cuando empiezas a ver que el león arruinó tu vida, más que adornarla, por lo que terminas llamando a Control Animal y les entregas al león porque no lo quieres volver a ver en lo que te resta de vida….o en lo que sobró de ella, después de semejante trauma.

Ahora imagina que, en lugar de recibir el tan ansiado león, aceptas la oportunidad que te dio el destino con la jirafa; resulta que la jirafa no necesita tanto espacio, por lo que puedes tenerla en tu actual casa sin problema, ¡hasta te ayuda podando las molestas ramas que tenías que cortar constantemente! Por lo que, no sólo te evitas la molestia, sino que -también- no gastas nada en comida; y como aman el agua, puedes bañarla fácilmente y hasta te llega a resultar una actividad divertida. Tus hijos la pueden tocar y jugar con ella pues, al ser herbívora, no existe la posibilidad de que los ataque y lastime. Y, al final, te das cuenta que es un poderoso animal salvaje, misma característica que amas de los leones…

Preferir a la jirafa sobre el león NO ES conformismo o mediocridad, sencillamente es darnos cuenta de que aspirar a, como decía Frank Sinatra, “morder más de lo que podemos masticar” conlleva riesgos de los que rara vez somos consientes o estamos dispuestos a aceptar. No se trata de limitar nuestros sueños, ya que a la larga los cumplimos, sino de evitarnos problemas y enredos con sueños que resultarán más pírricos que alentadores.

A veces, cuando las cosas no salen como las deseamos, puede ser un gran golpe de suerte…

Ventanas

Sin título

La vida que quieres, la vida que tienes; la vida que crees merecer. Las oportunidades que tomaste y las que dejaste ir. Los momentos donde todo iba a cambiar y nada cambió…o solo un poco, y no de la manera que esperabas.

Amigos de momento y compañeros de toda la vida. Amores que te venden una eternidad que caduca a los dos meses y resentimientos que no tienen fin. Gente que vive un “por siempre” real despreciada por aquellos que no merecen ni un “adiós”.

Te preguntas tantas cosas y por tanto tiempo que ignoras tu entorno. La mala costumbre de pensar la vida. El sadismo de tomar todo lo que nos rodea y complicarlo. Procesos, leyes, reglamentos…

¿Será que perdimos la habilidad de vivir y nos conformamos con sólo existir?

Photo: Yo
Soundtrack: Have You Ever Seen The Rain? – Creedence Clearwater Revival

A Veces

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A veces, todavía, por las noches me pregunto si seguiríamos juntos de no ser por mí.

Ahora hablaría conmigo, no contigo. Lo haría tranquilamente esa tarde sorprendentemente nublada. No intentaría hacerme entrar en razón ni cambiar lo que decidiría: tan solo me advertiría de todo aquello que estaba por venir en los años siguientes. Así volvería a lanzarme al mundo, pero con menos ganas de comérmelo para que, quizás, la caída doliera menos.

A veces, todavía, por las noches me pregunto en qué nos habríamos equivocado después si el camino tomado hubiera sido otro.

Photo: Jane Evelyn Atwood.
Soundtrack: Incluso en Estos Tiempos – Joaquín Sabina.

No, gracias

Puede que sigas preguntándote por qué me fui de aquella manera. No sabría si llamarlo sabiduría o desencanto. El caso es que demasiadas experiencias previas me pusieron sobre aviso. Una de las pocas ventajas de escuchar es que ahora soy capaz de reconocer sus señales. Y aunque a veces eche de menos a aquel muchacho que se lanzaba a los brazos de cualquiera con una mínima habilidad para la poesía, la verdad es que, ahora, prefiero leerla en los libros. Duele menos cortarse el dedo al pasar mal alguna página que acabar siendo rebasado por la derecha cuando todo parecía avanzar hacia alguna parte.

Soundtrack: Lady Blue – Bunbury

De Lluvia y Adopciones

Siempre he creído que una ciudad te adopta cuando llueve. Hay una sensación especial que escuchas en el golpeteo de las gotas sobre el parabrisas. En los miles de espejos de agua, con sus formas caprichosas, que salpican tus pupilas de los colores de la ciudad.

Hace 20 días que el destino me trajo a Tulum. Un pequeño pueblo tan bullicioso como desolado. Con su gente tan ella. Su comida tan ella. Su cultura tan ella.

He recorrido sus calles antes, pero no como hoy. Nunca aderezadas con agua y olor a selva mojada. Hoy al fin sentí que recorría los espacios más en confianza. Que descubría nuevos lugares y confirmaba otros tantos.

Recuerdos de paso de años más inocentes que hoy moldeo con una corazón más duro, pero más inteligente. Sensación de nuevo comienzo, de nuevos retos por descubrir.

No importa lo que dure o lo que pase, hoy estoy aquí y me sé de aquí…y por fin me gusta.

Lo Hemos Vivido Todo

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Todos, sin importar nuestra soberbia o la carencia de ésta, llegamos a un momento donde sentimos que lo hemos vivido todo; o que al menos hemos dado un sorbo a la enorme copa de la experiencia, reconociendo su fuerte sabor y lo caliente de su trago.

El día a día es algo tan común que te hace sentir enjaulado. Un atardecer es tan rutinario que lo das por sentado (¿o acaso recuerdas el último atardecer que viste por el mero placer de hacerlo?). Si tu corazón ama o es destruido te da ya lo mismo. Tras tantos contrastes encarnados en los rostros de viejas relaciones incluso te das el lujo de rechazar todo lo que te hace sentir o palidecer, mientras observas desde lejos -a la orilla de tu realidad- el desenlace de la historia.

Pero es cuando te resignas a que los días vayan pasando sin contarlos, a que las horas son sólo un “tic-tac” del reloj, que una soleada mañana de un jueves cualquiera, el destino irrumpe a galope para que lo cabalgues; y entusiasmado con tu nueva montura, por fin entiendes que esta energía de cambio e ingenuidad siempre fue tuya y que la puedes aplicar a lo importante, pero también a todos esos pequeños momentos que conforman tu existencia.

Lo que ya se ha vivido siempre se puede repetir. El Sol que hoy se oculta en el horizonte es muy diferente al Sol que ayer alumbraba tu camino. Cada amor es tan diferente como muchas son las facetas que han existido de ti en tus escasos años de vida.

Y es entonces que recuerdas que no estás solo, que la vida siempre ha estado ahí, lista para mostrarte nuevas sensaciones, nuevos retos…

Hace 2 Años…

Estos días, hace dos años, aprendimos que somos un país único; donde la tristeza entre las ruinas se ve eclipsada por la alegría que nace de la hermandad de su gente.

Aprendimos la grandeza de la vida y que todo ser vivo es valioso e importante, camine con dos piernas o ande a cuatro patas.

Aprendimos que vivimos en una nación grande, donde sus ciudadanos demostramos no tener -contrario a lo que se cree- el Gobierno que merecemos.

Aprendimos a reenamorarnos de nuestra cultura; donde, sin importar su historia, cada mano está dispuesta a tomar a otra y no soltarla hasta verla a salvo.

Aprendimos que la individualidad puede menos que la solidaridad. Que miles de hogares por el país están llenos de personas que harán hasta lo imposible por hacerte sentir en casa, aun cuando estés a más de 2,000 kilómetros de ella.

Aprendimos que el brigadista alemán que trabajó a nuestro lado, o ese japonés o aquel israelita dejaron de ser extranjeros para ser hermanos mexicanos por derecho propio, piedra por piedra.

Aprendimos que cada lata o botella pueden ser algo más que alimentos; pueden transformarse en cartas que, con sus mensajes de afecto y ánimo, también reconfortan el alma.

Aprendimos que la bandera tricolor, que adorna cientos de casas y avenidas estas fechas, despierta en esos quienes las veíamos entre escombros algo inexplicable que te impulsa a seguir más allá de lo que creías podías dar.

No importa desde qué trinchera trabajaste esas fechas, desde quienes somos rescatistas, aquellos que repartían café a las 2AM o esos quienes donaron sus recursos para ayudar a desconocidos: todos aprendimos que ser mexicanos es un privilegio que debemos honrar día tras día.

Gracias México, por ser México.

Orgullosamente: Brigadista Rescatista.